miércoles, 12 de marzo de 2008
miércoles, 5 de marzo de 2008
Francisco de Quevedo
Amor constante más allá de la muerte
Cerrar podrá mis ojos la postrera Sombra que me llevare el blanco día, Y podrá desatar esta alma mía Hora, a su afán ansioso lisonjera; Mas no de esotra parte en la ribera Dejará la memoria, en donde ardía: Nadar sabe mi llama el agua fría, Y perder el respeto a ley severa. Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido, Venas, que humor a tanto fuego han dado, Médulas, que han gloriosamente ardido, Su cuerpo dejará, no su cuidado; Serán ceniza, mas tendrá sentido; Polvo serán, mas polvo enamorado.
Esta poesía me gusta porque trata de que el amor sigue, aún estando muerto. Habla de que cuando alguien muere, queda en la memoria de quien está enamorado. Cuando alguien muere deja de existir, será cenizas y nada más. Deja en la memoria que estuvo ahí en su momento y con el tiempo queda en el olvido.
